Cuando empezamos esta aventura del huerto escolar, lo primero que tuvimos que encontrar fue… ¡el lugar! No fue tarea fácil: buscábamos un espacio seguro, accesible y que pudiera convertirse en un pequeño oasis verde dentro del colegio. Un espacio que había que acondicionar de alguna manera a nuestro huerto, conociendo las limitaciones que teníamos y para que lo íbamos a destinar. Tardamos, dimos vueltas, medimos, imaginamos… pero al final, lo conseguimos.
Y así, donde antes solo había una zona de cemento, amplia y completamente vacía, hoy podemos ver el comienzo de algo especial:
Mesas de cultivo al principio teníamos sólo 6, ahora contamos con 10.
Una pared de color marrón, que nos recuerda de donde venimos: de nuestra madre Tierra.
Un espacio acondicionado, pensado para que alumnos y profesores puedan trabajar, aprender y disfrutar juntos.